La elección de “Peonza” como nombre para nuestra revista no respondió, en su momento, a la improvisación o a la mera casualidad. La decisión tuvo que ver con la esencia del juego de la peonza, tan modesto y sencillo como sugerente y universal. Su presencia en las más diversas culturas a lo largo del devenir de la humanidad queda acreditada desde su misma prehistoria, recorre las civilizaciones de la antigüedad (egipcia, griega, romana, precolombina, Oriente y Extremo Oriente, África…) y llega hasta nuestros días con plena vitalidad. La intensa sencillez de la peonza, con toda su carga simbólica, la nobleza del material en que está confeccionada (generalmente, madera pero también metal, hueso, vidrio y, sólo recientemente, plástico) alienta el deseo de jugar de los niños de todas las latitudes, con un presencia recurrente sujeta a una estacionalidad digna de estudio.


Desde los primeros tiempos de la revista, iniciamos una colección de peonzas (trompas, peones, perinolas…) que ha crecido con sucesivos hallazgos, las aportaciones de tantos amigos y el intercambio con otros coleccionistas. Y, junto a las peonzas tangibles, hemos ido reuniendo todas aquellas referencias literarias y artísticas en torno al juego que nos salían al paso en nuestras lecturas. Contamos también con sellos, monedas, tarjetas telefónicas, anuncios publicitarios y otros muchos materiales directamente inspirados en ella.


Además, hemos sentido la preocupación de que la peonza fuera un elemento relevante en las páginas de la revista como signo de identidad. Los ilustradores que se encargan de elaborar la imagen de portada han incluido habitualmente una o más peonzas en sus trabajos. Por fin, secciones como “Mi colección de peonzas” o “Peonzas ilustradas” (a cargo de Paco Díaz, miembro del Equipo), han proyectado una interpretación lúdica, humorística o literaria. Con todo ello hemos reunido toda una iconografía y una amplia antología de textos de las que en este apartado ofrecemos una muestra.


Al fin y al cabo, la peonza, tan elemental y maravillosa, representa en su hipnótico girar, la evolución de nuestro planeta Tierra. Algo que supo reflejar en un magnífico dibujo el artista cántabro Fernando Calderón, amigo que fue de Peonza y de las peonzas.

 


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